Dieciséis horas masticando: cómo digiere un caballo y dónde encajan los suplementos
Un estómago pequeño, un intestino largo y una cuba de fermentación al final.
La mayoría de los problemas digestivos del caballo empiezan en cómo se le alimenta, y la mayoría se resuelven ahí. Para qué está hecho su aparato digestivo, los cuatro hábitos de alimentación que la investigación señala una y otra vez, y una escala honesta para los productos de la estantería.
El forraje, el tamaño de las tomas, las pausas cortas y el agua hacen casi todo el trabajo; los suplementos van después, y la evidencia que los respalda va de sólida a escasa.

Para qué está hecho el aparato digestivo
El caballo es un herbívoro de pastoreo que evolucionó para comer pequeñas cantidades de plantas fibrosas durante la mayor parte del día: los caballos en libertad pasan unas dieciséis horas diarias comiendo. Su aparato digestivo responde a eso. El estómago es pequeño, el intestino delgado es largo y se encarga de la digestión enzimática del almidón, el azúcar, la proteína y la grasa, y el intestino grueso – ciego y colon – es una cámara de fermentación donde los microbios descomponen la fibra en ácidos grasos volátiles que el caballo absorbe como energía.
De ahí salen dos consecuencias que recorren todo lo que sigue. El sistema está pensado para un goteo constante de fibra, no para dos comidas grandes. Y lo que el intestino delgado no digiere, sobre todo el almidón y el azúcar de una toma grande de pienso, pasa al intestino grueso, donde fermenta deprisa, produce ácido y altera la comunidad microbiana.
El estómago: pequeño y siempre activo
El caballo segrega ácido gástrico de forma continua, haya o no comida en el estómago. Lo que protege la parte superior, no glandular, del estómago es la masticación: la saliva, que solo se produce al masticar, es alcalina, y una capa de fibra en el estómago mantiene el ácido abajo. Si la masticación desaparece durante suficiente tiempo, el ácido alcanza un tejido que no tiene defensa frente a él.
Por eso los hallazgos más constantes sobre las úlceras gástricas tienen que ver con el manejo. En un estudio danés con 201 caballos, el riesgo de úlceras en la parte superior del estómago aumentaba cuando pasaban más de seis horas entre tomas de forraje, cuando la paja era el único forraje, cuando una toma aportaba más de 1 g de almidón por kg de peso y cuando no había agua en el paddock. La declaración de consenso europea sobre el síndrome de úlcera gástrica equina se apoya en los mismos hallazgos y fija un mínimo: al menos 1,5 kg de materia seca de heno por cada 100 kg de peso al día, idealmente a voluntad y, si no, repartidos en cuatro a seis tomas. Muchos veterinarios y nutricionistas añaden una pequeña toma de forraje, por ejemplo alfalfa picada, poco antes del ejercicio; el razonamiento es físico – una capa de fibra limita que el ácido salpique la parte superior del estómago mientras el caballo trabaja –, aunque está menos comprobado que lo demás.
Almidón: importa el tamaño de la toma
El almidón no es el enemigo; una toma demasiado grande sí. El intestino delgado solo puede digerir una cantidad limitada de almidón por toma, y el límite práctico que usan la mayoría de los nutricionistas procede de la misma investigación: no más de 1 g de almidón por kg de peso y toma, y unos 2 g por kg y día. Para un caballo de 500 kg son 500 g de almidón por toma, aproximadamente entre 1,3 y 1,7 kg de un pienso a base de cereal con un 30 a 40 % de almidón; el análisis del saco dice en qué extremo se está.
Los caballos que necesitan más energía de la que eso permite suelen estar mejor servidos con más tomas, mejor forraje, aceite o piensos a base de fibra que con un cubo más lleno. El orden también cuenta: la declaración de consenso recoge bastantes más úlceras en caballos estabulados que recibían el cereal una hora antes del heno, así que primero va el forraje.
Hierba, fructanos y el rebrote de otoño
La hierba almacena energía en forma de azúcares y fructanos, y los fructanos en particular no los digieren las enzimas propias del caballo; pasan al intestino grueso y fermentan allí. La ingesta rápida de hierba rica en azúcar y fructanos es un desencadenante reconocido de laminitis en caballos predispuestos y una causa frecuente de heces blandas y cólicos en los cambios de pasto.
En Mallorca el patrón es el inverso al del norte de Europa: meses de heno seco y poco pasto, y después un rebrote tras las primeras lluvias de otoño y de nuevo en primavera. El manejo es el mismo en todas partes: cambiar el forraje y el tiempo en el campo de forma gradual, durante unas dos semanas; mantener con pasto restringido a los caballos con antecedentes de laminitis o EMS; y recordar que los días soleados y frescos después de la lluvia son cuando la hierba acumula más azúcar.
Agua y trabajo
Un caballo en reposo y con tiempo suave bebe unos 25 litros al día; con el calor del verano y el trabajo la cifra sube mucho, y el agua es la que hace avanzar la fibra por el intestino. Beber poco se asocia al cólico por impactación, y en el estudio danés sobre úlceras bastaba con que hubiera agua en el paddock para marcar una diferencia. Un bebedero limpio que de verdad esté lleno por la tarde es uno de los cuidados digestivos más baratos que existen.
Alrededor del trabajo, el orden es: forraje en las horas previas, una pequeña toma de forraje poco antes de montar, ninguna toma grande de cereal en las horas anteriores a un trabajo duro, y agua a voluntad cuando el caballo se ha enfriado. El sudor se lleva sal, y con calor de verdad hay que reponerla; los detalles, y cuándo hacen falta realmente los electrolitos, están en nuestro artículo sobre el sudor.
Dónde encajan los suplementos
Con la alimentación en orden, un producto digestivo puede ser un complemento razonable. La estantería es amplia y la evidencia que la respalda, desigual. De más sólida a más débil:
Sal y electrolitos con sudoración real. La necesidad es fisiológica y está bien documentada; la única pregunta es si un caballo concreto suda lo suficiente para necesitar algo más que un bloque de sal.
Probióticos y levaduras. Los resultados dependen de la cepa y la dosis; la evidencia de que los cultivos de levadura mejoran la digestión de la fibra es más constante que la de los probióticos bacterianos, y una revisión publicada en 2014 en el Journal of Veterinary Internal Medicine concluyó que los datos sobre probióticos en caballos siguen siendo limitados. Ninguno ha demostrado prevenir cólicos.
Enzimas digestivas. Una vía más reciente: aportar enzimas para que se digiera más almidón y fructano antes del intestino grueso. El producto mejor documentado es un extracto de malta de cebada rico en enzimas que se vende como EquiNectar. Los estudios en caballos de carreras y en caballos en pasto han medido cambios en el pH fecal, el metaboloma fecal y la comunidad microbiana; son estudios pequeños, casi siempre sin grupo de comparación y firmados también por los fundadores de la empresa, y ningún ensayo clínico controlado ha mostrado menos cólicos ni laminitis. Una idea plausible y medible, no un tratamiento demostrado: la página del comercio recoge los datos.
Antiácidos y tampones gástricos. El carbonato cálcico y el hidróxido de magnesio o de aluminio elevan el pH del estómago, pero durante unas dos horas tras la dosis. Los complejos de pectina y lecitina tienen resultados dispares: un estudio controlado encontró úlceras menos graves tras estrés alimentario y otro no encontró efecto preventivo. Pueden formar parte de un plan; no son un tratamiento para úlceras diagnosticadas, que corresponde a un medicamento con receta.
Carbón activado y arcillas. El carbón activado tiene un uso real: ante una sospecha de intoxicación, en dosis de 1 a 2 g por kg de peso, bajo indicación veterinaria. Las pequeñas cantidades diarias que se venden como «apoyo digestivo» habitual son otra cosa, con poca evidencia detrás, y el carbón puede fijar medicamentos administrados por boca. No forma parte de nuestra selección.
Cuándo es cosa del veterinario
Algunas señales no son un problema de alimentación que se resuelva con un suplemento: signos de cólico como escarbar, revolcarse, mirarse el flanco o no hacer heces; diarrea; pérdida de peso sin motivo claro; un caballo que deja de terminarse la ración o se vuelve arisco al cinchar y en el trabajo. Las úlceras gástricas se diagnostican por gastroscopia y se tratan con medicamentos con receta, y lo más útil que puede hacer la etiqueta de un suplemento en cualquiera de estos casos es quedarse en la estantería hasta que un veterinario haya visto al caballo.
Para cualquier otro caballo, el orden es el de siempre: forraje suficiente, pausas cortas, tomas sensatas, agua donde está el caballo y cambios graduales. El suplemento va al final de esa lista, y uno bueno lo dice en su propia etiqueta.
El intestino está hecho para un goteo constante de fibra. Casi todo lo que falla empieza cuando le damos otra cosa.

- Forraje durante el mayor número de horas posible; pausas de más de seis horas entre tomas de forraje aumentan el riesgo de úlcera.
- Limitar el almidón a unos 1 g por kg de peso y toma y 2 g por kg y día; repartir las raciones grandes.
- Una pequeña toma de forraje antes del trabajo, agua en el paddock y cambios graduales de hierba y forraje.
- Los suplementos van después del manejo; la evidencia va de sólida (electrolitos con sudoración real) a escasa (carbón como rutina).
- Signos de cólico, diarrea, pérdida de peso o sospecha de úlceras son primero cosa del veterinario.
Orientación editorial general a partir de investigación veterinaria publicada. No sustituye a una exploración: un caballo con signos de cólico, diarrea, pérdida de peso o sospecha de úlceras necesita un veterinario.


